Cómo preparar archivos para DTF desde mis bocetos en papel

Catorce versiones de la misma mano sosteniendo una flor conviven en una carpeta de mi iPad, y solo dos de esas versiones terminaron convirtiéndose en un estampado que no se sintiera como calcomanía de plástico. Ese número me dice más sobre cómo preparar archivos para DTF que cualquier tutorial que haya visto: el boceto de papel casi nunca es el problema, el camino que recorre hasta la pantalla sí lo es. Cuando empecé a pasar mis dibujos a Procreate para imprimir en DTF traté el proceso igual que si fuera para sublimación, porque los primeros tutoriales que encontré en YouTube hablaban de esa técnica y asumí que la lógica del fondo y las capas era la misma. No lo es, y esa confusión fue mi primer tropiezo serio con este hobby de fin de semana.

Con el tiempo esas catorce versiones se acomodaron solas en dos grupos: el método que copiaba lo que había visto para sublimación y el método que terminé armando después de entender qué le pide realmente un archivo al DTF. La sublimación y el DTF piden archivos distintos, sobre todo en cómo tratan el blanco, aunque esa comparación completa da para su propio texto. Uno de los cursos de Hotmart que tomé, más enfocado en el lado creativo que en el técnico, sí alcanzó a advertir que una resolución exagerada satura la trama de tinta; lo anoté en su momento y aun así fue lo primero que ignoré.

Dos maneras de llevar un boceto de papel a Procreate

El primer método, el heredado de la sublimación, empieza casi siempre con un escaneo a la resolución más alta posible, buscando capturar cada fibra del papel. El segundo, el que uso ahora, empieza con una fotografía tomada cerca de una ventana, con luz de día y sin flash, porque lo que necesito no es una imagen perfecta sino el grano real del boceto. Subo esa foto al iPad, que tengo fijo a un brazo articulado junto a la laptop de la agencia, y en Procreate lo primero que hago es levantar los niveles hasta que el fondo quede casi blanco puro y el trazo resalte solo. Ahí, entre semana, mi compañera Itzel Bravo —que opina de tipografía antes de fijarse en cualquier otro elemento de un diseño— siempre dice que en pantalla cualquier archivo se ve resuelto, y tiene razón: la diferencia entre los dos métodos no se nota ahí, se nota hasta que el film sale de la prensa.

Fotografiar y digitalizar un boceto a lápiz en Procreate como primer paso para preparar archivos DTF

Ahí es donde entra una de esas técnicas de diseño para mejorar imágenes que uso sin importar cuál de los dos métodos elegí ese fin de semana: en vez de borrar todo el fondo de un tirón, ajusto el umbral de selección poco a poco, sintiendo esa ligera resistencia del Apple Pencil cada vez que cierro una curva sobre el trazo, y dejo un resto de ruido del lápiz en los bordes. Limpiarlo del todo hace que el boceto pierda alma y termine pareciendo un clip art genérico, aunque el escaneo de altísima resolución tienta justo a hacer eso.

Resolución alta contra lienzo al tamaño real: qué gana en la prensa

El método heredado de la sublimación me enseñó a perseguir la resolución más alta posible, como si más megapíxeles garantizaran mejor impresión. Con DTF pasa lo contrario en la práctica: si digitalizas un boceto a una resolución absurdamente alta, el software de la impresora intenta leer cada micro-partícula de polvo del papel como si fuera tinta, y el diseño sale saturado y pesado al tacto sobre la tela.

Mi solución fue armar el lienzo en Procreate exactamente al tamaño de impresión final, casi siempre una hoja A3 de 297 por 420 milímetros, configurado a 300 DPI y ni un punto más. Esto evita que el software sature los colores sin necesidad y deja que la tinta blanca respire debajo del color, algo que con el primer método casi nunca pasaba. La diferencia entre los dos no es sutil: un archivo saturado por exceso de resolución sale de la prensa con los degradados aplastados, mientras que el lienzo controlado deja que el gris de un lápiz suave siga pareciendo lápiz y no una mancha plana.

Lienzo configurado a 300 DPI tamaño A3 en Procreate para preparar archivos DTF listos para imprimir

¿Por qué el canal blanco delata qué archivo usaste?

Una calavera con sombras suaves que preparé con el método heredado de la sublimación salió de la prensa como un bloque sólido de tinta, sin ningún degradado, y ahí entendí que el problema no era el diseño sino los cinco canales de color que pide el DTF —CMYK más un canal de blanco, la W— que la sublimación ni siquiera usa de la misma manera. El archivo final tiene que ser un PNG con transparencia total en el fondo: si queda un 'blanco sucio' del papel sin limpiar, la impresora manda tinta blanca justo ahí y arruina el efecto.

Con el método correcto dedico buena parte del tiempo a borrar, con una punta de textura suave y sin bordes duros, las zonas donde quiero que la tela se asome directamente. Reviso esas zonas de espaldas a la única ventana del rincón, la que tapé con una cortina blackout para que la calle no me preste un reflejo y me haga ver un gris más azul de lo que realmente es. Unos ajustes de color para DTF que fui anotando con el tiempo me ayudan a que esos grises no se vean azulados sobre playeras oscuras.

Film DTF recién impreso mostrando la capa de tinta blanca bajo el color, clave al preparar archivos DTF

Lo que cambia en la prensa según el archivo que llega

Preparar el archivo es solo la mitad del camino, y ahí es donde de verdad se nota cuál de los dos métodos usaste. La prensa, con una placa de poco más de 30 por 38 centímetros, sigue apoyada sobre la misma tabla de madera que rescaté para no comprar un mueble nuevo, justo al lado de la mesa blanca de melamina que ha ido guardando, en cada esquina, un cerco dorado de polvo adhesivo que ningún trapo húmedo termina de sacar. Esa mesa no perdona un archivo mal preparado: el polvo cae como una lluvia fina que solo se adhiere donde hay tinta, y si el canal blanco quedó mal resuelto, se nota de inmediato en cómo se acumula. Con el método heredado de la sublimación el resultado era previsible: bordes duros, transparencias que en realidad no lo eran, colores que se veían planos apenas salía el film.

Toco el diseño ya curado con la palma abierta, buscando que no quede ningún borde duro y que toda la superficie se sienta pareja y mate, como si la tinta hubiera decidido quedarse a vivir ahí y no encima. El acabado también es distinto del que da un vinil textil cortado, que se siente como una capa pegada sobre la tela en vez de fundida con ella, aunque esa comparación completa da para otro texto. El mismo archivo, impreso sobre algodón, sobre una taza o sobre una playera de poliéster, tampoco se va a comportar igual —otro tema que merece su propio espacio. Lo único que no cambia entre un archivo y otro es que la impresora necesita mantenimiento constante para que el polvo no se pegue donde no debe, algo que aprendí por las malas y que tampoco cabe aquí.

Polvo adhesivo aplicado a mano sobre un diseño DTF impreso antes de pasar a la prensa

¿Cuál enfoque conviene según tu boceto?

Mi vecina Karina Bustos, que vive en el departamento de arriba, me acaba de encargar un diseño para el festival escolar de sus hijos y, como siempre, lo necesita para antes de ayer; ese tipo de encargo personalizado es otro terreno completo que tampoco resuelvo en este texto. Lo que sí puedo decir después de poner los dos métodos uno junto al otro, una y otra vez, es esto: si tu boceto tiene sombras suaves de lápiz o carboncillo y te importa conservar esa textura, vale la pena fotografiarlo con luz natural y armar el lienzo exactamente al tamaño de impresión, sin subir la resolución más de lo necesario. Si en cambio tu trazo tiene líneas duras y bien cerradas, con poco degradado, un escaneo a mayor resolución no te va a jugar en contra y hasta te puede ahorrar un paso de limpieza en Procreate.

Bolsa de tela terminada con estampado DTF que conserva la textura del boceto a lápiz original

Uso Procreate para prácticamente todo este proceso, desde el primer ajuste de niveles hasta la última capa de borrador, aunque los atajos específicos de la app dan para su propia guía. A veces me pregunto si debería tomar esto más en serio, pero después me acuerdo de por qué decidí aprender sobre el negocio del DTF sin dejar mi empleo en la agencia: prefiero que siga siendo el rincón donde pruebo métodos hasta encontrar cuál le conviene a cada boceto, en vez de una fórmula única que tenga que repetir siempre igual.

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